Si nos acercamos, si intentamos escuchar, captamos un gesto, un rasgo, una última huella. Su naturaleza es la de un parpadeo, una iluminación súbita de colores vivos, ingenuos, y cada cosa se iba prometiendo, sin embargo, permanecer.Quizá, en los margenes, se intuye aún la sombra de un reproche ¿quien ha sido? ¿como has podido? y no hubo tiempo para el punto final, para tender un puente que enlazara su propia inscripción. Vieras que desastre, los brazos que se desprenden, las cabezas que caen, un confuso olvido sobre la tierra.
EL PERFUME DEL RECUERDO
La maestra que orinaba
Pecesitos de colores
Cantaba con una voz dulcísima
Y marcaba el ritmo sobre nuestras espaldas
La maestra-mechero-de-alcohol
Orinaba aguardiente en nuestra herida
Diciéndote al oído: debes aceptar.
Ella se llamaba Rosa, Rosina, Rosalía
Escupe lo quemante Rosa la maestra
y la palabra se fija
para aferrarte, para dejarte ir.

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